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La Importancia de las Escrituras en tu Ministerio


La importancia de las Escrituras en el ministerio no puede ser subestimada por ningún pastor, líder o maestro que ha sido llamado a servir al pueblo de Dios. En una época marcada por la prisa, la superficialidad y la búsqueda de resultados inmediatos, la iglesia corre el riesgo de diluir la verdad bíblica en mensajes atractivos pero carentes de profundidad. Sin embargo, el llamado de Dios permanece inalterable: ser fieles a Su Palabra, interpretarla correctamente y proclamarla con claridad, tal como lo hicieron los apóstoles. Este compromiso con las Escrituras es el fundamento de todo ministerio que honra a Cristo.

Como pastores y líderes de la iglesia del Señor, incluso como maestros que tienen a su cargo un grupo pequeño o grande la responsabilidad es la misma: ser fieles a la poderosa Palabra de Dios. Nuestro compromiso es con Dios, con Su Palabra y con Su pueblo.

Vivimos en una época en la que todo lo queremos de manera rápida: comida rápida, atención rápida, compras rápidas, trámites rápidos, etc. Sin darnos cuenta, esta mentalidad también se ha infiltrado de forma sutil en la iglesia. Queremos resultados rápidos, sermones rápidos, cambios rápidos; y en ese afán comprometemos la verdad de Dios, diluyéndola en algo más atractivo, superficial y menos ofensivo. Dejamos de hacer una exégesis bíblica que nos lleve a una predicación expositiva fiel.

Sin embargo, Dios no nos ha dejado sin instrucción. Él nos ha dicho exactamente qué quiere de nosotros y cómo lo quiere. Además, nos ha dejado ejemplos claros en aquellos hombres a quienes llamó para llevar a cabo el ministerio de la predicación.

Quisiera presentar tres términos característicos del apóstol Pablo que describen su método al enseñar la Palabra de Dios:

  • διαλέγομαι – Razonar, tratar un asunto, reflexionar, dirigir una discusión.
  • διανοίγω – Abrir, explicar, interpretar.
  • παρατίθημι – Poner delante, presentar alimento, demostrar, exponer públicamente la verdad.

Hechos 17:2–3

2 Y Pablo, como acostumbraba, fue a ellos, y por tres días de reposo discutió con ellos,
3 declarando y exponiendo por medio de las Escrituras que era necesario que el Cristo padeciese y resucitase de los muertos; y que Jesús, a quien yo os anuncio —decía él—, es el Cristo.

  • Discutió (διαλέγομαι): razonar.
  • Declarando (διανοίγω): abrir; la misma palabra usada en Lucas 24:32, donde Cristo interpretó las Escrituras.
  • Exponiendo (παρατίθημι): poner delante, demostrar, explicar.

En Hechos 19.8 una vez más encontramos al apóstol Pablo haciendo lo mismo en Éfeso.

8 Y entrando Pablo en la sinagoga, habló con denuedo por espacio de tres meses, discutiendo y persuadiendo acerca del reino de Dios.

Y en el mismo contexto aparece Apolos siguiendo el mismo patrón del apóstol Pablo (Hechos 18:28). Aunque los términos usados son diferentes, la idea es la misma: probar, mostrar evidencia y establecer que el mensaje es verdadero.

28 porque con gran vehemencia refutaba públicamente a los judíos, demostrando por las Escrituras que Jesús era el Cristo.

Abrir, explicar y demostrar las Escrituras – Estos términos resumen lo que todo predicador o maestro fiel de la Biblia debe hacer:

  • Abrir → para hacer claro el texto bíblico.
  • Explicar → para interpretarlo correctamente (exposición).
  • Demostrar → para mostrar la precisión de esa interpretación.

El apóstol Pablo, fiel a su llamado y a su costumbre, entró en la sinagoga y dedicó tiempo durante tres días de reposo, para enseñar a las personas desde la Palabra de Dios. Con destreza abrió las Escrituras, explicando su verdadero sentido y mostrando con claridad que el plan de Dios siempre había sido que el Mesías debía sufrir y resucitar. Finalmente, con convicción tierna pero firme, declaró que ese Mesías prometido es Jesús.

En este pasaje vemos a un siervo que no impone sus propias ideas, sino que guía a otros a ver a Cristo directamente desde las Escrituras. Y tú debes hacer exactamente lo mismo.

Conclusión

Tu tarea es usar las Escrituras, interpretar las Escrituras, explicar las Escrituras y aplicar las Escrituras. Como maestro y predicador debes limitarte a leer el texto, explicar el texto y aplicar el texto, ni más ni menos. 


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Autor: Prof. Edwin Zelaya