Introducción
¿Qué significa que los creyentes fueron escogidos en Cristo antes de la fundación del mundo? ¿Es la elección divina un tema de debate teológico o una razón para adorar a Dios?
En Efesios 1:3-4, el apóstol Pablo introduce una de las verdades más profundas del Nuevo Testamento: Dios eligió a su pueblo en Cristo desde la eternidad con un propósito específico. Esta elección no solo revela el plan eterno de salvación, sino que también define la identidad del creyente y la manera en que debe vivir.
Comprender qué significa ser escogidos en Cristo fortalece nuestra teología y transforma nuestra adoración.
¿Qué significa ser escogidos en Cristo?
Ser escogidos en Cristo significa que Dios, antes de la creación del mundo, decidió soberanamente salvar a un pueblo por medio de Jesucristo.
La elección no se basa en méritos humanos, no depende de obras futuras y no es resultado del esfuerzo personal. Es un acto eterno de la gracia divina.
Pablo inicia con una doxología:
“Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo…”.
La elección no comienza con el hombre buscando a Dios, sino con Dios tomando la iniciativa de salvar.
¿Por qué Dios merece alabanza por la elección?
La doctrina de que somos escogidos en Cristo produce adoración por varias razones.
Primero, porque la elección es obra soberana de Dios. Nos escogió antes de la fundación del mundo, lo que demuestra que el plan de salvación no fue una reacción al pecado humano, sino un decreto eterno.
Segundo, porque recibimos toda bendición espiritual: perdón, redención, adopción, herencia eterna, revelación de su voluntad y el sello del Espíritu Santo.
¿Qué revela la elección sobre el carácter de Dios?
La elección divina muestra la magnificencia de Dios en su benevolencia y generosidad.
Su benevolencia se evidencia en que diseñó un plan de salvación aun sabiendo que la humanidad pecaría.
Su generosidad se manifiesta en que no otorga una gracia limitada, sino abundante y eterna.
¿Cuál es el propósito de ser escogidos en Cristo?
La elección tiene un propósito claro: que seamos santos y sin mancha delante de Él, y que vivamos para la alabanza de su gloria.
Dios no solo nos salva del castigo, sino que nos transforma. La salvación implica santidad, obediencia y una vida dedicada a glorificarle.
Tres veces en Efesios 1 se repite la expresión:
“para alabanza de su gloria”, indicando que el fin supremo de la salvación es la gloria de Dios.
¿Cómo debemos vivir a la luz de esta verdad?
Si hemos sido escogidos en Cristo, debemos vivir con gratitud, caminar en santidad, rechazar el pecado y adorar continuamente.
La doctrina de la elección no es especulación fría, sino fundamento para una vida de adoración y entrega total.
Conclusión: vivir para la gloria del Dios que nos escogió
Ser escogidos en Cristo significa que nuestra salvación comenzó en la eternidad pasada y culminará en la eternidad futura.
La salvación es obra total de Dios, revela su amor y magnificencia, y tiene como propósito final su gloria.
La respuesta correcta ante esta verdad no es orgullo, sino humilde adoración y una vida dedicada a glorificar al Dios que salva.
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Autor: Prof. Manuel López
